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Niños Inteligentes

Autonomía vs. límites

Los padres deben aprender a ir apartándose de sus hijos

La educación es algo más que amor, ternura, apoyo, comprensión, estímulo y paciencia. La educación implica también establecer unos límites claros y enseñar a ser independiente. Todo aquel que quiere y respeta su hijo, que conoce y acepta su personalidad, sabe también que hay que imponer unos límites.

Los niños no sólo ponen a prueba los límites trazados por los demás, sino que también aprenden muy rápidamente a establecer sus propios límites con el prójimo: el niño de un año empuja hacia un lado el biberón cuando yo no quiere más y sacude con fuerza la cabeza. El de 4 años dice “no” con claridad cuando se le pide que ordene su cuarto. El de 12 años gira la cara hacia el otro lado cuando su madre desea darle un beso.

A medida que el hijo va creciendo comienza a reclamar su autonomía con más frecuencia. Con el tiempo los hijos no sólo van separándose de los padres, sino que lo contrario también es cierto: cuando los hijos se hacen mayores, los padres deben aprender a irse apartando de sus hijos.

Los niños desean tener padres que se preocupan de forma positiva de ellos mismos y de sus hijos, pero ocuparse bien de los hijos significa también fomentar su independencia temprana. Todo esto que se lee de una forma sencilla y rápida es experimentado por muchas familias como un proceso extenuante y agotador.

Dejarles volar

Los años de la infancia pasan muy deprisa y cuándo van creciendo los niños empiezan a elegir su propio camino. Muchas veces resulta duro aceptar este proceso si los padres vigilan minuciosamente cada nuevo paso de su hijo hacia la independencia, están siempre a su lado, les ofrecen un amor sin límites, una dedicación exclusiva, una armonía duradera y una felicidad familiar, también estarán quitándole el aire para respirar, le estarán restringiendo su libertad de movimientos y de juego, dificultándole también que llegue a convertirse en una persona realmente autónoma y consciente de su propio valor.

El proceso de separación entre los padres y los hijos se produce a lo largo de muchos años y va cambiando continuamente. Lo que era válido ayer, ya no sirve hoy. A cada nuevo estadio de desarrollo del niño, la vida familiar cambia. Las reglas del juego deben ser establecidas de nuevo cada vez.

La clave es el equilibro entre poner límites y dar autonomía, algo fácil de decir y difícil de hacer en el día a día.