Saltar al contenido
Niños Inteligentes

Los juegos para el desarrollo motriz

Los juguetes deben ser adaptados a la edad del niño a quién se destinan.

El juego es un proceso de educación completo indispensable para el desarrollo de la personalidad. El juego y el juguete acompañan al niño en todos los momentos decisivos de su evolución física, moral e intelectual. Para escapar a la presión de la realidad y para interiorizar poco a poco el medio que le rodea el niño necesita los juguetes. Es importante, pues, que el niño pueda contar con juguetes que favorezcan su desarrollo, y tiempo para jugar.

Los juguetes deben ser adaptados a la edad del niño a quién se destinan. Un juguete dado prematura o tardíamente, habrá perdido su valor e interés. También hemos de tener en cuenta el carácter del niño, su estado físico, etcétera. Hay juguetes que son comunes a todos los niños de todas las latitudes y de todas; otros son característicos de determinados países.

Desarrollo psicomotriz

Para apreciar en todo su valor el poder educativo del juguete es necesario estudiar a qué funciones del desarrollo infantil corresponde. En este artículo nos centraremos en el desarrollo psicomotriz.

La edad de 2 a 6 años se caracteriza por la adquisición progresiva de la precisión del gesto y la organización del movimiento en el espacio. El juego cumple esta función de ajuste de la motricidad y puede ser visto bajo dos aspectos: el de desarrollo motor en general y el de los músculos pequeños. Los dos deben desarrollarse paralela y recíprocamente a medida que el niño va consiguiendo la maduración nerviosa.

Lo esencial en el pequeño es la conquista de equilibrio, y el perfeccionamiento de la destreza manual que ya comenzó desde la cuna con los juegos de manos.

Para el desarrollo motor general usaremos la pelota que tira, pierde, recoge y persigue a veces con su pie. Es un pretexto excelente para la gimnasia natural y el equilibrio corporal. Las construcciones con grandes bloques para acumular, superponer, alinear o agrupar de diferentes formas, son también excelentes.

Desarrollo por edades

De los 3 a los 5 años esto se traduce por una armonía de movimientos, una espontaneidad encantadora. Es la edad senso-motriz por excelencia: lo mismo monta en un triciclo, que se deja deslizar por un tobogán, sube y baja escaleras con los dos pies y con uno.  Así pues, en cualquier escuela de Educación Infantil, debería haber un patio o jardín con juegos para todos estos ejercicios.

A los 5 años adquiere más precisión de movimientos: puede saltar, dirigir una bicicleta o triciclo; practicar el juego del balancín que supone una coordinación de sus gestos y movimientos con los de los compañeros.

A los 6 años perderá esta espontaneidad y adquirirá más precisión y fuerza para las tareas especiales y más reducidas. Los juegos de mosaicos, tornillos, construcciones más pequeñas y muchos más, se pueden entregar en esta edad.

Pero ya a los 4 años el equilibrio corporal está adquirido. El gesto se precisa, el brazo y el antebrazo, después la mano, y los dedos se suavizan. En este periodo es cuando es preciso presentar al niño juguetes que favorezcan en el curso de una actividad general, una buena maestría de movimientos de brazos. El balón lanzado y recogido, el juego de bolos, el aro, el carro tirado por una cuerda, el coche que empuja, la mesita de colocar los objetos en equilibrio y los coches en miniaturas. Todos estos juegos favorecen una sincronización de movimientos aptos para favorecer el desarrollo muscular fino.  Los juegos de encaje, el uso de tijeras, martillo y sierra ponen a prueba la coordinación visual motora.

La sincronización de movimientos

La sincronización de movimientos de los miembros superiores es una de las etapas más importantes de su evolución motriz. Por una parte, libera la mano, verdadero intermediario que permite al niño seguir su independencia activa sobre el mundo exterior. Por otra, las realizaciones motoras aportan al pequeño el placer del triunfo, la confianza en sí mismo indispensable a toda iniciativa y preparan la aparición de la autonomía.

Cuando juega a atar los zapatos de las muñecas, abrochar su vestido o abrigo, se ejercita y mediante este juego aprenderá a ser más independiente, vistiéndose sin ayuda de los adultos.

Los juguetes deben ser adaptados a la edad del niño a quién se destinan.